CRISTIANISMO

Miércoles 14 de agosto de 2002

Exponer sobre los temas doctrinales de una religión determinada es algo bastante complejo, ya que el punto es muy sensible para muchas personas, y siempre puede que surja alguna diferencia de opinión. Sin embargo, Jesús ordenó a sus discípulos, poco antes de ascender al cielo:

Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

San Marcos Cap. 15 Ver. 16

Desde entonces, son muchos los que han llevado este mensaje de Buenas Nuevas a todas las naciones. Entre ellos han existido hombres tan sencillos como el apóstol Pedro, un pescador de Galilea; y tan instruidos como el apóstol Pablo, miembro del honorable concilio judío. Más tarde vinieron muchos más, que sufrieron persecuciones y torturas, hasta dar su vida por cumplir el mandamiento de Cristo. La historia se ha repetido una y otra vez, hasta nuestros días, en que el cristianismo ha llegado a ser la convicción religiosa más aceptada en el mundo.

Al congregarse en grupos cada vez más grandes, los fieles requieren de líderes y normas que les permitan darse un orden de convivencia y funcionamiento; por lo cual se forman las iglesias. Sin embargo, este proceso de expansión no ha estado exento de veleidades humanas; que muchas veces destruyen, en las almas de los hombres, el templo de la fe que tanto esfuerzo cuesta construir. Esto ha dado origen a diversas corrientes, aún cuando Jesús no fundó ninguna de ellas en particular.

Afortunadamente, poseemos un Testamento escrito, que debiera ayudarnos a aclarar nuestras dudas; a cuyo estudio se han abocado miles de eruditos a través de la historia. De todas formas, como en todo texto, puede haber algunas expresiones sujetas a interpretaciones subjetivas. Sin embargo, éstas son tan pocas, que no justifican las desviaciones impulsadas por algunos, que han sido más bien de interés político, económico o egoísta; que de carácter doctrinal.

Tomando en cuenta lo anterior, no me habría atrevido a escribir sobre esto, si no me hubiera impulsado a ello un hermano Oficial, Diácono de nuestra iglesia, hace algunos años. Entonces pude comprobar cuán grande ha sido mi bienaventuranza, al haber sido educado desde niño sin resentimiento alguno, por hombres y mujeres que forjaron un camino de grandeza espiritual en mi nación, tal como ocurrió en los tiempos de la Iglesia Primitiva. Es así como, desde que aprendí a leer, la Palabra de Dios se transformó en mi mejor fundamento para enfrentar la vida y obtener el triunfo. Hoy sólo deseo compartir con otros, quizá menos afortunados hasta ahora, aquellas maravillas que me han rodeado a lo largo de mi ruta, cuyo principal y más valioso fin es el Reino de los Cielos.